Educación y juegos en la civilización inca
La educación del pueblo en el tiempo de los incas estaba a cargo de los padres y de las madres. Los padres runas (el pueblo, la gente común) educaban a sus hijos en las labores agrícolas, pastoriles, alfareras, carpinteras, etc. Las madres runas educaban a sus hijas en la crianza, la cocina, los textiles, la lavandería, los teñidos, las plantas, etc. Por ejemplo los niños tenían chaquitacllas (arado de pie hecho en madera) en miniatura desde muy pequeños, y a medida que crecían les iban dando arados más grandes. La educación de padres a hijos y de madres a hijas, mediante el ejemplo y la constante compañía, también fue la tónica entre los pescadores de la costa, los pastores de las punas, los comerciantes y artesanos de la costa norte.
La nobleza inca, los panacas, educaba a sus hijos en mitos y leyendas, administración, y sobretodo en ejercicios bélicos, pues al inicio de cada año, para el solsticio de verano a finales de diciembre, celebraban el Cápacraymi donde consagraban el paso a la edad adulta de los jóvenes panacas con juegos deportivos llamados huarachicuy (o warachicuy), ritos y sacrificios de llamas.
El historiador Inca Garcilaso de la Vega cuenta que la educación de los hijos de la nobleza se realizaba en los yachayhuasi o yachaywasi (casa del saber), específicamente en un barrio de Cusco donde había varias de estas casas, a cargo de amautas (sabios) y haráuec (poetas). Otro historiador, Martín de Murúa, relata que en dichas escuelas se enseñaban principalmente cuatro materias durante cuatro años: lenguaje (no el runasimi sino la lengua que solo usaba y conocía la etnia inca), religión, historia (principalmente militar) y administración y funcionamiento estatal (leyes), sobretodo la contabilidad por medio de quipus, que son una serie de hilos de colores y nudos con el cual los incas contabilizaban y situaban los haberes del imperio.
Los sacerdotes educaban a sus hijos principalmente en los ritos y el culto solar a Inti. A este respecto había un ayllu especializado de sacerdotes dedicados a Inti, llamado Tarpuntae. Los educaban en los ritos, danzas, canciones, leyendas y también la lectura de quipus. De entre ellos salía el sacerdote principal, que tenía casi tanta autoridad como el sapainca (rey de reyes, emperador). Algo parecido ocurría con los quipucamayoc, funcionarios especializados en el uso y conservación de los quipus, pues también se enseñaba de padres a hijos. Los hijos del sapainca, los auquis (príncipes), eran educados también por amautas pero principalmente acompañando a su padre y viendo y escuchando todo lo que aquel hacía y mandaba hacer.
Los quipus pueden ser considerados como un sistema rudimentario de escritura.
En ellos, los colores, los nudos y su posición tenían significados que personas instruidas sabían leer.
Hay que agregar que el runasimi (literalmente "el idioma de los humanos"), que a la llegada de los españoles era la lengua más hablada junto al aymara, fue sistemáticamente enseñado por todo el Tahuantinsuyo (las cuatro regiones del imperio) a través de runas designados y escogidos para ello y repartidos por todo el territorio con esa finalidad. Había incluso alicientes para los que se esforzaban en aprenderlo pues hablándolo podía significar que tuvieran algunos privilegios o que fueran nominados para alguna de las funciones estatales. Por eso lo que llamamos hoy en día el quechua tuvo tal expansión en lugares donde se hablaban lenguas completamente diferentes. La labor de estos enseñantes del runasimi estuvo facilitada por los mitimaes o mitmac (migraciones obligatorias de familias o comunidades enteras) y también por las mitas (trabajos colectivos obligatorios y temportales), movimientos temporales o permanentes de familias y a veces ayllus (comunidades) enteros desde zonas donde no se hablaba quechua a zonas donde sí se hablaba, y viceversa. La expansión del lenguaje fue un elemento clave que los incas fomentaron a sabiendas, por un lado para no tener que depender de traductores que podían no ser confiables, y por otro para pacificar por medio de una lengua común, a etnias que solían ser agresivas entre ellas, en parte por no existir comunicación posible.
Muñecas de la cultura Chancay
Si bien todos los niños comenzaban a trabajar a una edad muy temprana (desde los 7 años), eso no impedía que pudieran jugar en sus ratos libres, sobretodo viviendo libres en el campo. La cultura inca tenía varios juegos, difícil saber si eran propios o heredados de tiempos inmemoriales. No solo los niños jugaban, también los adultos. En los restos funerarios de la cultura Chancay se han encontrado numerosas muñecas, hechas de gasa y algodón, con coloridos vestidos, pero no sabe si su uso fue exclusivamente fúnebre o si fueron juguetes de niños y niñas. Lo que sí se sabe es que los Chancay fueron conquistados por los incas y que por lo tanto es posible que la tradición de fabricar muñecas haya transcendido hacia otros lugares del imperio.
Los niños jugaban al tres en raya. Imitaban niños y niñas los bailes del Amaru (serpiente sobrenatural) practicado en algunos ritos de los adultos; para ello hacían hileras tomados de sus vestidos y sin separarse iban serpenteando y esquivando obstáculos. Jugaban también a la ronda y al caballito subiéndose unos a otros sobre los hombros. Imitaban juegos de caza manipulando el lihui (boleadoras), y cuando alguno de ellos era muy hábil lo invitaban a veces a participar en las competencias deportivas de año nuevo llamadas huarachicuy, que normalmente eran exclusividad de la casta noble.
Dado inca llamado pishca o huayro
Un poco más grandes, los jóvenes, y también los adultos, jugaban algo parecido a la bocha o a la petanca, con pelotas hechas de madera o de caucho, llamadas cucho, y el juego se llamaba pecositha. También solían jugar con porotos (fréjoles) secos de colores, lanzándolos a un agujero en pares, y al parecer los ganadores se quedaban con los porotos, pues los jaspeados eran muy apreciados, al menos por los niños. Tenían un juego con dados que llamaban pishca (que significa cinco), dado que tiene cinco lados. Se jugaba en los velorios, en la época de la conquista, pero el juego se conocía desde antes, con testimonios como el de Bernabé Cobo donde cuenta como el inca Túpac Yupanqui perdió tierras con su hijo jugando a la pishca o también llamada huayro. Hay fuentes que indican que tales dados se utilizaban con un tablero con fines adivinatorios.
Entre los adolescentes había competencias deportivas. Ya comentamos el huarachicuy o guarachico, practicado por la nobleza. Había otro juego practicado a finales de febrero que consistía en formar dos bandos y lanzarse frutas secas y otros objetos. Más tarde, con la conquista, estos juegos fueron practicados únicamente en carnaval, tienen el nombre de Pucllay. Comenta Waldemar Espinoza, que dos o tres veces al mes, las familias se juntaban a comer en zonas despejadas, y a practicar juegos físicos cuyo fin era la reconciliación entre ellos.
Este artículo es un fragmento adaptado del dossier: La vida cotidiana de los incas
Investigación y Redacción: Álvaro J. Riquelme Marínkovic
Fecha de publicación: 03-12-2020
Última actualización: 03-12-2020
Fuentes:
Inca Garcilaso de la Vega - Comentarios reales de los incas. 1609
Waldemar Espinoza - La civilización inca. 1995
Gordon F. McEwan - The incas. New perspectives. 2006
Bernabé Cobo - Historia del Nuevo Mundo, tomo IV. 1893
Alfred Métraux - Los incas. 1961
Martín de Murúa - Historia General del Perú. 1616
